La campana de cristal de Sylvia Plath

“No me había lavado la ropa ni el pelo porque me parecía una tontería.
Veía desplegarse ante mí los días del año, como una serie de brillantes y blancas cajas y, al apartar una caja de la otra, estaba el sueño, como una sombra negra. Pero, para mí, la larga perspectiva de sombras que separaban una caja de la siguiente, de repente, se había agotado y podría ver un día tras otro reluciente delante de mí, como una blanca y amplia avenida, infinitamente desierta.
Me parecía estúpido lavarme un día cuando me tocaría volver a lavarme al siguiente.
El solo hecho de pensarlo me cansaba.
Quería hacerlo todo de una vez por todas y acabar con la histoira. ”

Página 152, ed. Círculo de Lectores

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