Seda salvaje (Fragmentos)

De este libro me enganchó la idea de un personaje gris y opaco que pretende vivir sumergido en la vida de los otros mirando desde la esquina. Pero que es incapaz.

Encontrarás la reseña del libro aquí.

“Maduré volcado hacia fuera, con medio cuerpo sacado en la ventanilla, y me trastornó para siempre ver la naturalidad con que el resto de la gente vivía, aceptaban casi, sus vidas obligatorias. Yo me sentía en mi vida como quien va de visita a una casa que no es suya, y experimentaba un impulso interior de trágica maravilla si podía participar en algo del resplandor ajeno y de su dicha perfecta.”

“Escribo y escribiré con la conciencia mareada y lo que más me preocupa, al redactar estas líneas, es que nada importante se quede sin incluir, que lo que una vez ocurrió, vuelva a ocurrir otra vez, sobre la página, por doloroso que sea, hasta llegar a entenderlo -si es que hay algo que entender.”

“Hay que suponer que todas las tardes al anochecer un sujeto de alzacuellos vio subir al vagón a la pálida criatura que yo presumí conocer, cuya vida creí diáfana y abarcable y que ahora se me revelaba escurridiza y voluble.”

“En los ojos de las demás personas me veía reflejado como en añicos de espejo y apenas me fiaba del reflejo que su mente me devolvía.”

“Éramos gente normal y entre normal esas cosas no se hacían.”

“Lo más duro era aceptar que la boca de los besos era la boca del odio.”

“Estábamos demasiado ocupados preparando nuestra boda para poder decidir si queríamos casarnos.”

“Me disculpaba pensando que en mis descensos no me guiaba el afán de promiscuidad sino inquietudes didácticas.”

“Tienes la cabeza llena de cosas sin sangre.”

“Durante unos pocos segundos viajaba dormido por el aire y el secreto para no perecer estaba en despertarse antes de que llegase la caída y el impacto fuese definitivo.”

“Por preservar ese sueño me sentía capaz de encadenarme a una pesadilla.”

“Me martirizaba pensando que había activado sin saberlo algún resorte prohibido con el cual se puso en marcha la máquina para triturarme. En mi descontrol aprendí que existían en las personas ciertas cuestiones sesgadas, ángulos y repliegues de higiene íntima con los cuales más valía no entrometerse. Al final resultaba que los fantasmas eran de carne y pasiones y yo renunciaba a entenderlos.”

 

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